15/01/2009 El Federal Página: 54-56/Nº 245 |
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Corte y confección
DOMINIQUE BESANSON: Pionera del "diseño sustentable", recicla desechos textiles para fabricar ropa y accesorios. Exporta a todo el mundo y abjura tanto de las grandes marcas como de sus colegas "autores".
Por Alejandro Caravario - Fotos: Jazmín Arellano
Dominique Besanson (28 años, porteña de estricta formación francesa) se graduó como diseñadora de indumentaria en Milán, la meca misma de la moda. Pero lejos de rendirse a los efluvios glamorosos de la pasarela, el contacto con la industria la llevó a rebelarse. "Empecé a ver que era un mundo rodeado de egos y caprichos estéticos. Y esos caprichos generaban una serie de costos innecesarios a la hora del funcionamiento", dice en su taller de la Avenida del Libertador, donde las tradicionales Singer de costurera laboriosa comparten espacio con las computadoras portátiles, el archivo de los archivos reducido al espesor de una pascualina.
Al influjo de un papá empresario periodístico que, según dice, le enseñó el abecé de la racionalidad en los negocios, Dominique decidió que sus inquietudes plásticas (también es fotógrafa) debían rumbear hacia otros puertos en busca de un destino más sensato y solidario. Luego de una largo aprendizaje en el que siguió codeándose con las grandes marcas (estudiando al enemigo), en 2004 lanzó su propio proyecto: dqb, una pequeña empresa (tan pequeña que la integra ella sola) dedicada a la fabricación artesa-nal de ropa, accesorios, objetos para el hogar y otras yerbas no tan variadas -son sólo sus manos las que yugan- que además de circular discretamente en el mercado local se exportan a buena parte de América y Europa.
El nicho, digamos, ideológico en el que se ha instalado Dominique se llama "diseño sustentable" o "diseño ético" y compromete al productor a utilizar solamente materiales orgánicos o reciclables. "Pero reciclar no quiere decir que a esa prenda que antes era un buzo, ahora le corto el cuello y lo transformo en una remera -aclara-, sino que, mediante un dispositivo químico, se separan todas las fibras de poliéster para hacer otra prenda." El cliente, si pretende estar a la altura, también tiene su responsabilidad en esta dinámica comercial: abstenerse de comprar mercadería que no cumpla con ese proceso o esté sospechada de haberse elaborado en condiciones de explotación, moneda corriente en la industria textil.
Vivir de las sobras. La chica que a los 12 años escribía un diario ecológico en el colegio, entonces, en una operación semejante al cirujeo, acopia lo que las marcas desechan (a veces lo canjeaporserviciosfotográficos) y, merced a su destreza manual y su imaginación, convierte, por caso, trajes de baño en collares y un lote de mangas de camisa en una hermosa pollera (el cronista sugirió sin éxito los nombres de "polleranga" y "manguera" para esta última creación). "Traté de despegarme de la idea de industria y volver al oficio -dice-. A la razón por la que había querido ser diseñadora. A mí me gustaba estar con la tela, la máquina, a lo sumo un molde, un lápiz. No me interesa todo lo que hay alrededor."
-Pero a la hora de decidir una compra de ropa, el prestigio de un logotipo es mucho más poderoso que la calidad del producto.
-A mí me gusta el producto. Yo no tengo problema en pagarte 150 pesos por una remera, si es que en 3 meses no me voy a quedar con la tirita colgando porque la metí en el lavarropas. Se dice que las telas ya no son como antes, que no duran. Y es porque están destinadas a que no duren. Hay una industria de lo efímero.
-Es la base del consumo. Una remera no te puede durar diez años.
-Si pagué 150 pesos, que es un porcentaje importante de un sueldo mínimo, sí, por qué no.
-¿Tus productos duran mucho?
-Hasta ahora nadie se me quejó.
Antes que la "pulsión de compra", a Dominique le interesa fomentar el autoabastecimiento.
Volver a una clásica consigna optimista: "Hágalo usted mismo".
Por qué pagar por un arbolito de Navidad si es posible confeccionar uno con hojas de revistas. Lejos de entrar en pánico por la crisis global en ciernes, cree que la merma del consumo será una buena oportunidad para recuperar las manualidades.
Bueno y barato. Dominique pretende que, además de ser funcionales, confiables y duraderas, sus creaciones tengan un precio accesible. A diferencia de los diseñadores concentrados en las vidrieras de Palermo Soho (ex Palermo Viejo), se priva de aplicar el recargo de autor a sus confecciones.
"La forma de cotizarme es por mi valor hora, que está entre 40 y 50 pesos. Es la forma que yo encontré para medirme. Y la idea es que un producto nunca me lleve más de una hora."
Ya ven, una chica económica.
-¿No le ponés precio a tu firma? Supongo que no es lo mismo una sábana cualquiera que una dqb.
-Es una sábana. No hay que darle más valor que el que tiene. Yo no estoy produciendo arte.
-Ahí te vas a pelear con tus colegas, que se dicen artistas.
-Yo trabajo con muchos de esos diseñadores "autores" y tenemos hermosos debates, en los cuales terminan dándose cuenta de que, sin querer, se transformaron en marcas. Yo hago esto como filosofía, es lo tangible de todo un pensamiento. Para mí representa la vuelta al material, al oficio, a la técnica. Yo tengo muchas peleas con colegas porque además de que hay algo caprichoso en sus dibujos, en sus bocetos, en su forma de ver la moda, no pueden manejar una máquina de coser. No saben cuál es el derecho y el bies de la tela. Y cuando defendés la impronta de autor, también tiene que haber una impronta técnica. Es como ser fotógrafo y no saber cómo se usa la cámara. Uno puede tener una idea de luz, de imagen, pero hay una técnica. En la técnica hay una idea, una realización y hasta, aunque suene new age, una paz mental que es importante rescatar.
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UN CLUB MUY PARTICULAR
Agujas sanadoras
A la par de elaborar y vender sus productos, Dominique ejerce, con distintos grados de formalidad, la docencia. En su ideario, la transmisión de saberes es un capítulo importante. Una vez por semana se reúne en su taller un club de tejedoras. La actividad es gratuita y procura "recuperar el hábito entre las mujeres que tejieron durante mucho tiempo". De todos modos, dice la anfi-triona, no sólo concurren las veteranas avezadas, sino gente joven. Besanson ha escrito largo y tendido sobre tejido, aunque aún no ha conseguido un editor sensible a las labores sustentables. Las agujas son casi una prolongación de sus manos y, además de proporcionarle un sereno placer, dice, cumplen una función terapéutica. "La tarea de entrelazar es la imagen perfecta de lo que el tejido hace en la cabeza. Cuando uno está alborotado, de a poco va generando una trama." Contacto: info@dqbstudio.com.ar
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Almohadón, bolsa multiuso y collar made in Besanson. La diseñadora tiene una empresa unipersonal. |